TRANSFUSIÓN DE SANGRE EN PEQUEÑOS ANIMALES

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TRANSFUSIÓN DE SANGRE EN PEQUEÑOS ANIMALES

Al igual que en los humanos, con cierta frecuencia se da el caso de que nuestra mascota necesite una transfusión sanguínea. Es un procedimiento importante en el tratamiento de animales con coagulopatías o anémicos, pero debemos ser rigurosos y tener en cuenta factores importantes: obtención, manejo y administración de la muestra, conocer y controlar los posibles efectos secundarios.

Indicaciones para la transfusión: Hemorragias, anemias, coagulopatías, intoxicaciones, hepatopatías, quemaduras o hemofilias, entre otras, son las afecciones más comunes que hacen que un animal de compañía necesite recibir sangre.

Transfusiones para restituir glóbulos rojos (GR). No se puede concretar una concentración clara de hemoglobina o hematocrito por debajo de la cual sea necesario realizar una transfusión de GR. Este valor de hematocrito o hemoglobina tiene numerosas variables entre las que encontramos de manera principal la velocidad de aparición de la anemia y el proceso que la causa. Antes de realizar una transfusión, hemos de valorar la capacidad del organismo para regenerar la anemia.

La transfusión sanguínea no debe realizarse sólo en base a valores de hematocrito y hemoglobina, sino que además se ha de considerar la existencia de síntomas de anemia. Estos síntomas comprenden taquicardia, debilidad, taquipnea, síncopes y aumento de los niveles de lactato. En el caso de hemorragias agudas, los hematíes no tienen tiempo para aumentar la síntesis de la enzima que aumenta el paso de oxígeno a los tejidos. Esto implica que, en estos casos agudos, la aparición de los síntomas de anemia se producirá antes que en procesos crónicos. También es importante valorar la patología que está causando la anemia y la viabilidad de la médula ósea para regenerarla. Si la anemia es regenerativa y el paciente se encuentra estable, podremos prescindir de la transfusión y esperar que regenere por sí sola. De esta manera, en casos de anemia aguda hipovolémica, estaría indicado transfundir a niveles de hematocrito del 20%, mientras que en casos crónicos el nivel se situaría en torno al 12-15%.

Grupos sanguíneos en perros y gatos:

Los grupos sanguíneos vienen determinados por los diferentes marcadores antigénicos de la superficie de los eritrocitos. Existen 8 grupos sanguíneos en la especie canina y hay, además, 25 o más factores eritrocitarios antigénicos por estandarizar. Algunos de estos son extremadamente raros y no están considerados como significativos en la medicina práctica. Los diferentes grupos se clasifican según el sistema DEA (dog erythrocyte antigen): De todos los grupos, el que tiene más poder antigénico y por tanto mayores probabilidades de producir reacciones adversas es el grupo DEA-1.1. Aproximadamente el 25% de las primeras transfusiones de donantes no tipificados a pacientes de grupo desconocido, desarrollan anticuerpos anti DEA-1.1. Las siguientes transfusiones de sangre positiva al antígeno DEA-1.1 podrán provocar reacciones adversas. Los perros negativos al factor DEA-1.1 serán donantes ideales. El desarrollo de aloanticuerpos anti DEA-1 es especialmente problemático cuando el receptor es negativo al DEA 1 y recibe una transfusión de un donante positivo a DEA-1.1. Los efectos adversos comprenden: hemoglobinemia, hemoglobinuria y trombocitopenia debido a hemólisis y CID, leucopenia, fiebre, emesis, incontinencia, urticaria y desorientación.

En felinos se reconoce el sistema de grupos AB, en los que encontramos los 3 tipos: A, B y AB. El grupo A es dominante sobre el B, por lo tanto sólo los gatos homocigotos para B expresan este grupo. La frecuencia de los grupos sanguíneos felinos varía mucho según la raza y la zona geográfica, siendo al grupo A el más frecuente y el AB el más raro, teniendo una frecuencia menor al 1 %. A diferencia de los perros, en gatos encontramos aloanticuerpos naturales contra otros grupos sanguíneos. Esto obliga a comprobar desde la primera transfusión si el paciente es compatible, pues podríamos provocar graves reacciones adversas. Los gatos del grupo B, poseen potentes anticuerpos frente al grupo A, lo que significa que un receptor B que reciba sangre de tipo A, pueden desarrollar reacciones graves de incompatibilidad.

Productos sanguíneos:

– Sangre completa fresca: es la sangre que obtenemos directamente del paciente. Se almacena en bolsas de sangre humana con capacidad para 450ml (a esto se le considera 1 Unidad de sangre). Para que se considere fresca, debe usarse en las siguientes 8 horas tras su extracción. Este producto posee todos los componentes celulares de la sangre además de los factores de coagulación y otras proteínas plasmáticas viables.

– Sangre completa almacenada: es el mismo producto que en el caso anterior, pero con más de 8 horas de vida desde su extracción. Su duración máxima es de 28 días y debe ser almacenada a 4ºC. Este producto aporta hematíes y albúmina.

– Concentrado de glóbulos rojos: se obtiene a partir de centrifugar sangre completa a 4-5ºC. De una Unidad de sangre entera se obtienen entre 200 y 250ml de concentrado. El sedimento de este proceso constituye el concentrado de hematíes. El tiempo máximo del almacenaje de este producto es de 28 días, aunque si se añaden soluciones nutritivas puede aumentar hasta los 42 días. Únicamente aporta glóbulos rojos al paciente.

– Plasma fresco: se obtiene a partir de unidades de sangre entera centrifugadas y en las que se separa la fracción de plasma de la celular. Aporta factores de coagulación, albúmina y otras proteínas plasmáticas. Para que el plasma se considere fresco no pueden transcurrir más de 6 horas desde su extracción hasta su uso.

– Plasma fresco congelado: Igual que el plasma fresco, pero congelado -20ºC antes de las 6 horas posteriores a su extracción. Gracias a esta congelación, su vida es mucho mayor que en el caso del plasma fresco, los factores de coagulación se conservan hasta un año y la albúmina 2 años.

– Concentrado de plaquetas: Se obtiene a partir de centrifugar sangre entera a 22ºC lentamente y de nuevo centrifugar el sobrenadante. El volumen recuperado tras este proceso es de 50-70ml. Su vida es de 3 a 5 días y debe conservarse bajo agitación continua a 22ºC, ya que a temperaturas inferiores se inactiva la función plaquetaria. Aporta plaquetas al paciente, es especialmente útil en pacientes con disminución de la producción de plaquetas, no en patologías que aumentan su destrucción. Numerosas transfusiones de este concentrado pueden causar inmunización del paciente.

Proceso de transfusión:

Antes de empezar una transfusión debemos atemperar la sangre si estaba refrigerada, hasta alcanzar una temperatura de entre 25 y 35º C. Durante la transfusión debe mantenerse el producto a unos 30-35ºC. Usar siempre equipos de infusión específicos para transfusiones (con filtro) para evitar el paso de coágulos o agregados celulares. Estos filtros suelen tener un diámetro de 170 micras.

Es importante calcular la cantidad de sangre o concentrado de hematíes que hemos de administrar. La velocidad de administración dependerá de la patología y el paciente. Durante la primera media hora de la transfusión, la velocidad será lenta, de unos 2-3ml/kg/h. De esta manera controlaremos la posible aparición de efectos adversos. Si no existen complicaciones, aumentaremos la velocidad a 10ml/kg/h hasta completar la transfusión. En pacientes cardíacos, con riesgo de sobrecarga vascular, la velocidad no debe sobrepasar los 4ml/kg/h. En pacientes en shock hipovolémico, se puede aumentar la velocidad a 20ml/kg/h.

Durante todo el proceso y hasta 1 hora después de la transfusión, debemos controlar estrechamente el pulso, la temperatura, el color de las mucosas, el TRC y las frecuencias cardiaca y respiratoria.

Hasta pasadas 24 horas de la transfusión y en ausencia de hemorragia o procesos de hemólisis, el hematocrito no se acaba de estabilizar. Como mínimo, el 70% de los hematíes transfundidos deben conservarse 24 horas después para considerar la transfusión como exitosa. La vida media de un hematíe transfundido es de entre 21 y 48 días.

Efectos adversos El uso de sangre y hemoderivados puede conllevar ciertos riesgos y provocar reacciones adversas. No olvidemos que la sangre es un tejido más del organismo y su administración a un paciente puede provocar reacciones de rechazo. La optimización de estos productos separándolos en diferentes fracciones, así como el uso de pruebas de determinación de grupos sanguíneos y pruebas de compatibilidad cruzada, han disminuido la aparición de reacciones adversas. Los síntomas comprenden temblores, taquicardia, taquipnea, hipertermia (1ºC por encima de la temperatura antes de la transfusión), vómitos, urticaria, hemoglobinemia, hemoglobinuria e incluso en algunos casos CID, fallo renal agudo por hemoglobinemia o muerte. En el caso de detectar cualquiera de estos signos, se procederá a suspender la transfusión inmediatamente, instaurar fluidoterapia de sostén y administrar corticosteroides de acción rápida intravenosos. Son las reacciones más graves. Las reacciones tardías son menos peligrosas, se producen entre 3 y 15 días después de la transfusión y provocan disminuciones del hematocrito, con fiebre y anorexia.

 

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